¿Cómo se fermenta el vino?

Para que el vino que tomamos en casa o en algún restaurante tenga ese delicioso sabor, debe pasar por varios procesos de fermentación desde que se hace la vendimia hasta llegar al embotellado. Esto es gracias a que la ciencia que se emplea en la producción vinícola usa levaduras naturales y artificiales para que los azúcares del mosto se conviertan en alcohol. A continuación te explicamos cómo se fermenta el vino.

La transformación del sumo de la uva lleva varios procesos en el que su sabor va siendo alterado. Este proceso varía según el tipo de vino que se quiera elaborar, pero generalmente se lleva a cabo un patrón.

Pasos para fermentar el vino

En primer lugar, al tener las uvas o el mosto encubado, se realiza una primera fermentación, en la que el azúcar se empieza a convertir en etanol. Esta fermentación se conoce como alcohólica y se realiza bajo un estricto control de temperatura y en un ambiento con abundante oxígeno.

Hay otra fermentación que separa el líquido de la materia sólida. Es más común para elaborar vino tinto y se encarga de añadir olores y sabores, además de suavizarlo. En esa fermentación el ácido málico de sabor fuerte se transforma en uno más suave llamado ácido láctico. Este proceso es conocido como fermentación maloláctica. Para vinos rosados y blancos del año no se debe realizar este proceso, ya que les quita frescura a la bebida y le elimina la acidez.

¿Por qué se fermenta el vino?

El vino se fermenta por el efecto que causan determinadas levaduras logrando transformar el azúcar en etanol. Este proceso se da mediante el proceso metabólico que se origina por dichas levaduras, las cuales se alimentan de la fructosa y glucosa que tiene la uva. Esta acción metabólica aparte de conseguir el etanol, logra liberar dióxido de carbono, motivo por el cuál después de la primera fermentación, se acumula espuma en las capas superiores del vino, y nos da la sensación de estar hirviendo.

Historia de la fermentación del vino

El proceso de fermentación es realmente sorprendente, y aunque puede llamarnos la atención su complejidad, lo realmente sorprendente es su antigüedad (varios miles de años). Ciertos hallazgos indican que este proceso se realiza desde la época del neolítico y la primera bodega data de Georgia.

Sin embargo, hasta mediados del siglo XIX fue que el químico francés Louis Pasteur inició sus investigaciones sobre el proceso en el que los azúcares se transforman en alcohol. Los diversos tipos de vinos permiten que el caldo tome cierta complejidad en cuanto a su sabor, buque, aroma, entre otros aspectos. Esto permite que alterando o añadiendo más pasos en el proceso de fermentación, se pueda crear una gran diversidad de vinos, como los que comercializan las bodegas más populares del mundo en países como Francia o España, donde esta bebida es muy consumida.

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